Posteado por: Pascual Paricio | Sábado, 7 junio, 2014

Benasal – Rio Monleon (Ruta de los Molinos)


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En la 1ª fotografía y de izquierda a derecha aparecen:
Pepe y Pascual en el rio Seco

En la 2ª fotografía aparece:
La faja de la Roca Senallo

En la 3ª fotografía aparece:
El rio Monleón

Distancia de Valencia: 134 km.
Duración prevista de la excursión: 6 horas, con descansos.
Recorrido: 19 kilómetros.
Dificultad: Media-Alta.

Datos del recorrido:

Distancia real recorrida: 18,6 km.
Tiempo total con descansos: 5 horas y 50 minutos, con descansos.
Tiempo parado: 28 minutos.
Tiempo en movimiento: 5 horas y 22 minutos.
Altura máxima: 903 metros.
Altura mínima: 642 metros.
Altura de salida: 757 metros.
Desnivel máximo: 261 metros.
Ascensión acumulada: 657 metros.
Descenso acumulado: 667 metros.
Velocidad media movimiento: 3,4 km/hora.
Pendiente máxima ascenso: 35,8 %
Pendiente máxima descenso: – 32,3 %

Las fotografías las podéis ver en el siguiente enlace:
https://picasaweb.google.com/104355616509937655050/BenasalRioMonleonRutaDeLosMolinos07Junio2014

Descarga del Track:

TwoNav Aventura
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Asistentes: Pepe y Pascual

Crónica:

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En la 1ª fotografía aparece:
Amadeo y Pepe

En la 2ª fotografía aparece:
La escuela de Cantó

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En el día de hoy hemos madrugado para empezar pronto la excursión, ya que el lugar de inicio de la misma, en las proximidades de Benasal, se encuentra a casi 140 km y el recorrido a realizar parece exigente y largo (luego se vio que no solo lo parecía sino que además lo era y en demasía).

Llegamos a Benasal a las 09:00 y al ir a tomar café, vemos que va medio pueblo con una camiseta de color azul cielo. Preguntamos el motivo y nos dicen que están celebrando las fiestas de su patrón, San Cristóbal.
Temiendo que el restaurante estuviese lleno le dijimos al camarero que sobre las 14:30, a más tardar las tres, nos reservase una mesa para dos.

Cuando nos dirigíamos al punto de inicio, Masía de Hilario, ya estuvimos a punto de tener un percance que creo fue premonitorio de lo que después nos iba a suceder. En el camino asfaltado de aproximación, que es muy estrecho, ya que apenas caben dos coches, nos encontramos en una curva cerrada con un todo terreno con su remolque. Circulaba como si el diablo lo estuviese persiguiendo y con el que estuvimos a punto de chocar; el frenazo que dimos fue de película.

Aparcamos el coche en el citado Más y comenzamos con mucha alegría nuestro periplo.
El día era radiante y a esa temprana hora, 09:15, soplaba una ligera y fresca brisa. ¡Nos las prometíamos felices!

Cómo voy a hacer el Camino de Santiago del Salvador y el Primitivo en una semana, yo iba con mi mochila a tope, como las últimas tres excursiones, más o menos 11 kg de peso, Pepe con una mochilita de la señorita pepis de no más de dos kg, y menos mal…

Nos sorprendió gratamente lo verde que estaba el campo pese a la sequía que hay este año.

Al llegar al rio Seco nos encontramos con Amadeo, un pastor que vive en una masía más arriba, y que baja al pueblo de vez en cuando a comprar provisiones. Persona alegre y de conversación muy agradable con el que departimos unos minutos. Le preguntamos por la escuela de Cantó y nos comentó que la habían reformado y que ahora era un albergue.
Pepe está retratado con él en esos menesteres.

Un poco más tarde llegamos a una trifurcación, por la izquierda en 8 minutos está la escuela de Cantó, lugar al que luego me referiré, el camino del centro no sé a dónde se dirige y la senda de la derecha es el antiguo camino de Villafranca, que es el que cogimos.

Si alguien está tentado de hacer esta excursión, creo que este sentido, el que hicimos, es el más adecuado.

Durante aproximadamente 4 kilómetros, hasta alcanzar el cauce del Rio Monleón a la altura de del Molino de la Cova, circulamos por sendas poco precisas, a veces inexistentes, de vez en cuando hay algunos hitos puestos por algún senderista, pero en muchos tramos difícil de seguir por la ausencia de senda definida. El uso del GPS se hace imprescindible.

Fue en este tramo donde empezamos a vislumbrar la que se nos podia avecinar.
Cuando fuimos a almorzar, no habíamos recorrido más de 7 kilómetros desde el inicio, nos percatamos que Pepe había venido sin agua por un problema que no viene al caso mencionar y yo había previsto mal y había traido un escaso medio litro.
Pepe traía un zumito que se tomo con deleite, menos mal, y yo comparti mi agua, pero resevandonos algo menos de la mitad porque esto no había hecho más que empezar.
Confiábamos en encontrar alguna fuente con agua por el cauce del Rio Monleón.

El sol a esas alturas era abrasador y sudábamos en abundancia, no habíamos hecho ni la mitad del recorrido, y aun eran las 11:15 de la mañana. Lo peor estaba por llegar.

Pasamos por unas pinturas rupestres, nos desviamos del recorrido en algún corto tramo por ausencia de señales, alcanzamos la faja de la Roca Senallo, lugar espectacular, y al fin como pudimos, descendimos al cauce del Monleón junto al Molino de la Cova.
El rio estaba completamente seco y no habia ni gota de agua.

El Monleón tuvo que ser un rio bastante caudaloso no hace muchos años, a juzgar por la cantidad de molinos que hay en su cauce.

Hoy en día es un rio seco, aunque al parecer en los años lluviosos debe de llevar bastante agua.
Lo digo porque nos encontramos a un kilómetro del molino de la Cova un grupo de jóvenes de la zona (Vistabella del Maestrazgo), con una barca hinchable y cervezas. Habían venido a disfrutar de un día de baño, y comer a la sombra de los chopos, en una poza seca que al parecer otros años tiene mucha agua.

Este año no había ni gota y se encontraban desolados. Nos comentaron que en el mes de agosto del año pasado habían estado en el mismo lugar y habían disfrutado del baño en esa zona.
¡Quién lo diría!

Gracias a ellos mitigamos algo nuestra sed, pues nos dieron de beber, aunque no quisimos abusar.
¡Craso error!

Llegamos al molino del Pozo y estábamos hechos polvo, pero lo peor aún no había llegado.
Iniciamos el ascenso para alcanzar la escuela de Cantó, y yo no me encontraba muy bien, las fuerzas me flaqueaban y la mente no me respondía. Me tomé una barrita energética, pero al no tener agua se me hizo una bola en la garganta y no podía tragarla.
Al llegar a la Masía del Bicho, a 6 kilómetros del final, hicimos un alto, yo llevaba una pájara de mucho cuidado. Pepe que, al parecer, se encontraba mejor que yo, se ofreció a llevarme la mochila y yo cogí la suya.

El cambiar los 11 kg por dos, fue un alivio, pero el mal ya estaba hecho y yo no chutaba.
Nos encontrábamos muy cerca de la escuela de Cantó y al recordar las palabras de Amadeo, el pastor con el que nos habíamos topado al iniciar la excursión, recé para que hubiese algún aljibe con agua en el lugar.

Al llegar, vimos que había un muro y una puerta metálica, nos dijimos que si estaba cerrada la puerta, saltaríamos la valla y buscaríamos el aljibe que suponíamos podría haber allí.
No hizo falta, la puerta metálica estaba abierta y la puerta de la casa también. Allí vimos un local con dos dormitorios con literas y un comedor en muy buen estado.
Al abrir otra puerta, nos llevamos una alegría de mil demonios, ¡era la cocina! Y estaba llena de botellas de agua de Benasal y varias botellas de fanta de naranja.

¡Fue como encontrar un oasis en el desierto!

Nos bebimos una fanta de naranja y más de media botella de agua de esas de 5 litros.
San Cristóbal, patrón de Benasal se había apiadado de nosotros

Quisimos dejar un óbolo para pagar nuestros gastos, pero no encontramos ningún buzón y claro no era cuestión de dejar dinero encima de la mesa.
Eso sí, escribimos en una libreta que había en la pared manifestando nuestro agradecimiento a ese albergue salvador.

Tras un descanso reparador, mi situación mejoró bastante y le comente a Pepe que me devolviese la mochila que me encontraba mejor. Él se ofreció a llevarla hasta el final del recorrido, pues comentó que no le molestaba. Cosa que agradeci, ya que aunque me había recuperado de la pájara, los males aún no habían terminado.

Un kilómetro más adelante empecé a sufrir calambres y tirones en ambas piernas, primero el muslo derecho, luego la pierna derecha, después pasó a la otra, y al final me tuve que tumbar en la senda un rato para relajar los músculos.
Aun nos quedaban 3,5 kilómetros para el final y me temía lo peor.
Pese a lo trágico de la situación, aún teníamos ganas de reír, bromeando que tenía un fallo multi-orgánico.

Tras el descanso todos los males desaparecieron y conseguimos llegar al final, y yo estaba recuperado del todo.

Menos mal que Pepe se ofreció a llevar mi mochila, si no, no sé si hubiese podido terminar y sobre todo, menos mal que el alberge de Cantó estaba abierto y lleno de bebidas.
Después de lo narrado me proclamo ferviente seguidor de San Cristóbal, no tengo ninguna duda que el Santo, patrón de Benasal, se apiadó de nosotros y nos envió una ayudita.
Pepe, no sé cómo estaría, pero me imagino que algún problema debía de tener. Aun así se ha comportado como un excelente compañero de fatigas y gracias a su ayuda he llegado a buen puerto.

Son las 17:10 horas cuando nos hemos sentado en el bar a comer unas tapas.

Está todo olvidado y nos encontramos con fuerzas para acometer otro día de senderismo en fechas próximas.

He modificado los tiempos del recorrido en el track, ya que los tiempos realizados no eran orientativos del recorrido por las circunstancias narradas

Pascual

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Responses

  1. Hola Pascual, lamento que lo pasárais tan mal, sobre todo por la ausencia de agua. Yo he llegado al cruzar el río Moleón con el agua rozando la ingle y en tramos con una anchura de más de 15 metros y sólo hace unos pocos años.

    En verano es casi imprescindible empezar las rutas mucho antes. Estar en el punto de inicio a las 8 o todavía antes, para aprovechar el frescor de la mañana, pero eso, contando el desplazamiento, supone madrugar bastante, pero qué te voy a decir a tí, que eres senderista con experiencia y ya lo sabes.

    Una idea por si la quieres utilizar para otra ocasión. El peso de la mochila, en lugar de ser peso muerto, ropa, etc, puedes sustituirlo llevando como peso botellas llenas de agua. Así, si teneis sed os las podeis beber y si os pesan mucho, simplemente tirais el agua que no querais transportar.

    Un saludo y a continuar con las aventuras.

    Luis

    • Debe ser como tu dices pues asi nos lo comentaron unos chicos de la zona, pero este año la sequia es tan grande que no había ni gota de agua.
      Tienes toda la razon en lo de madrugar y demás, pero las cosas no son siempre tan simples, hay otras circunstancias que tambien influyen.
      Por poner un ejemplo, en la carrera de ayer del Tour de Francia, a Alberto Contador le entró un pajaron de mucho cuidado y eso que es un experto y consumado ciclista.

      Un saludo
      Pascual


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